Yo, lleno de turbación, no pude disculparme sino calumniando villanamente á mi reloj. Por lo demás, si perdí el instalamento y si siguieron los trabajos, tuve la satisfacción de llegar á casa con mi curuba estrenada por los pájaros, y con la esperanza de tener en breve semillas de curubo.

Grabado ubicado en la página 26 del periódico No 2 [Año 1]
Este grabado, junto el artículo que acompaña muestran una interesante relación entre la naturaleza y el hombre. El texto nos narra la pequeña historia de una tarde en la que el protagonista, D. Pedro, se dirigía a una junta. En el camino se encontró con un conocido suyo, Muñatones, quien insistió en ir a mostrarle su curubo, incluso cuando D. Pedro le advertía que tenía el tiempo contado para llegar a su junta. Finalmente, D. Pedro no logró llegar a la junta, por lo cual fue recriminado; sin embargo, él se reconforta pensando en la curuba madura que Muñatones le entregó y la posibilidad de que este le entregara unas semillas para tener su propio curubo en casa.
En esta historia, la naturaleza parece encarnar la calma, la pausa y la paz. Los curubos siempre han estado ahí con sus hermosos frutos y sus hermosas flores. En cambio, la junta muestra la prisa del hombre, encarna la premura, el afán, y la disputa. Se muestra entonces una relación un poco disfuncional entre la naturaleza y el hombre, como si la calma de la naturaleza fuese demasiado lenta para seguirle el ritmo a la vida del hombre. Sin embargo, el final del cuento, junto con la escena que se retrata en el grabado, también nos ayuda a descubrir que, por más que se quiera negar, el hombre necesita de esa calma que otorga la naturaleza. Tal vez no desea que esta se interponga en su cotidiano ajetreo, pero cuando algo sale mal, por ejemplo, parece que solo quisiéramos volver a esos brazos calmos de la naturaleza.
Por: Julie Guardo Quintero